La presencia de la Orden de los Dominicos en la ciudad de Pontevedra se remonta, al menos, al año 1282. En un primer momento se instalan en un lugar llamado As Corbaceiras, en el barrio marinero de A Moureira de Abaixo, a orillas del río Lérez, pero tres años más tarde, en mayo de 1285, ya se habían trasladado a su emplazamiento definitivo en un solar, también extramuros, localizado muy cerca de una de las puertas más importante de la ciudad: la puerta de la Villa. Con el tiempo, debido a la influencia ejercida por el convento, terminaría conociéndose como puerta de Santo Domingo.

Ruinas del convento de Santo Domingo

Localización

Las ruinas del convento de Santo Domingo se sitúan en el Concello de Pontevedra, en el entorno de la Alameda. No muy lejos de aquí, a escasos cincuenta metros, se encuentra la casa consistorial, obra del arquitecto Alejandro Rodríguez Sesmeros.

Ruinas de Santo Domingo

Construido en su mayor parte durante los siglos XIV y XV, del convento de Santo Domingo sólo se conservan hoy algunos elementos. De entre ellos destaca especialmente la cabecera de la iglesia. Ésta, conformada por 5 ábsides poligonales cubiertos con bóveda de crucería, constituye un ejemplo único en el gótico gallego. También se mantienen en pie el muro sur del transepto, cuyo hastial fue reconstruido a principios del siglo XX, y la arquería de ingreso a la ya desaparecida sala capitular.

El conjunto, declarado Monumento Nacional en 1895, es de notable interés no sólo por el carácter excepcional de su tipología o por la gran calidad de su decoración escultórica, sino también por el impresionante conjunto de sepulturas medievales que alberga en su interior. Los yacentes de don Diego Álvarez de Soutomaior y de doña María Álvarez Gómez son los ejemplos más destacables.

Ruinas de Santo Domingo

Breve reseña histórica

Para averiguar los motivos por los que el convento de Santo Domingo presenta hoy semejante aspecto es necesario remontarse a los inicios del siglo XIX, cuando la comunidad de dominicos decide derribar la vieja iglesia gótica y construir en su lugar un nuevo templo de estilo neoclásico.

Los trabajos comienzan en 1804, una vez demolida la antigua nave, y continúan, a pesar de las dificultades económicas, durante las primeras décadas del siglo. Pero el plan de obra, que también incluía el derribo de la cabecera y el transepto, se detiene bruscamente a finales del año 1836.

En diciembre, en el marco de lo que históricamente se ha conocido como la desamortización de Mendizábal, el convento es clausurado y entregado a la Junta Superior de Enajenación de Edificios y Efectos de los Conventos Suprimidos de la Provincia de Pontevedra. Después de cinco siglos, los monjes se ven obligados a abandonar el edificio.

Fotografía de principios del siglo XX
Fotografía de principios del siglo XX

Tres años más tarde, en mayo de 1840, el convento pasa a manos del Concello, quien se encargará de su gestión. Desde ese instante, y durante el siguiente cuarto de siglo, las antiguas dependencias conventuales acogerán, sucesivamente, un asilo, la cárcel de mujeres, una escuela de párvulos y un hospicio, entre otros usos puntuales. A mediados de la década de 1860 la falta de mantenimiento hace que algunas partes del edificio amenacen ruina. Comienzan entonces los derribos parciales.

Es en este momento cuando desde el Concello surge la idea de extender el por entonces llamado Campo de la Feria —hoy jardines de Vincenti— hasta el solar que ocupaba el ya maltrecho convento. La corporación municipal intenta derribar el conjunto en numerosas ocasiones, pero en todas ellas se encuentra con la férrea oposición tanto de la Comisión Provincial de Monumentos como de los miembros de la futura Sociedad Arqueológica de Pontevedra. A ellos debemos agradecer que finalmente se respetara, atendiendo a su enorme importancia artística, la cabecera de la iglesia.

Plano de las ruinas
Plano de las ruinas de Santo Domingo (Messia de la Cerda y Pita)

Museo de Pontevedra

Salvadas de la demolición, las ruinas de Santo Domingo comienzan a albergar las colecciones de objetos que la Sociedad Arqueológica de Pontevedra conseguía rescatar del olvido hasta que en 1938, tras la disolución de ésta, pasan a formar parte del Museo de Pontevedra, que destina este espacio a la exposición permanente de piezas pétreas relacionadas con la historia de la ciudad.

Hoy es el edificio más antiguo de los seis con los que cuenta la institución y en él se exponen, junto a los sepulcros mencionados con anterioridad, un buen número de laudas gremiales, baldaquinos, esculturas religiosas, restos arquitectónicos procedentes de otras edificaciones y un importante conjunto de labras heráldicas procedentes de diferentes lugares de la ciudad y de la provincia.

Como curiosidad, decir que el cruceiro situado en el jardín exterior de las ruinas procede del atrio de la ya desparecida iglesia de San Bartolomé O Vello, que se alzaba, no muy lejos del convento, en el solar que hoy en día ocupan el Teatro Principal y el Liceo Casino de Pontevedra.

Bibliografía recomendada

• Arte gótico en Galicia: los Dominicos. 2 vols. •

Carmen Manso Porto

Fundación Pedro Barríé de la Maza (1993).

• Conventos y monasterios de Galicia •

Julio Ignacio González Montañés / Carlos Sastre Vázquez

Edicions NigraTrea (1999)

Más imágenes

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