Es indiscutible que hoy en día la arquitectura tradicional goza de cierto reconocimiento, pero esto no siempre fue así. Ni muchísimo menos. Sin ir más lejos, hasta hace bien poco, lo que ahora entendemos como arquitectura popular no tenía denominación. Y no la tenía porque sencillamente ni siquiera se consideraba arquitectura. Durante siglos, la historiografía arquitectónica había ignorado —a veces incluso despreciado— todas aquellas construcciones que no hubieran estado relacionadas, de alguna forma, con la riqueza y el poder.

Grupo de hórreos en Combarro

No sería hasta las primeras décadas del siglo XX cuando la arquitectura popular adquiera algo de consideración. En un comienzo lo hace, fundamentalmente, gracias al esfuerzo de historiadores, etnógrafos y arqueólogos. Posteriormente, mediante el trabajo de algunos —más bien pocos, la verdad— profesionales de la arquitectura. Es finalmente el 11 de noviembre de 1964 cuando se produce un acontecimiento clave en el devenir de esta historia.

De cuando los hórreos gallegos estuvieron en el MoMA

Arquitectura sin Arquitectos

Ese día se inauguraba en el prestigioso Museo de Arte Moderno de New York (MoMA) la exposición Architecture without Architects. La muestra —comisariada por el arquitecto estadounidense de origen checo Bernard Rudofsky— estaba formada por cerca de 150 fotografías procedentes de 60 países, las cuales se mostraron al público en blanco y negro y sin explicaciones de ningún tipo.

Exposicion Arquitectura sin Arquitectos

Dejando de lado la propia contradicción del título de la exposición, Rudofsky pretendía reivindicar aquellas construcciones que, durante siglos, se habían desarrollado por todos los rincones del planeta como consecuencia de la actividad continua de los pueblos y mostrar cómo estos habían sido capaces de generar, contando con unos medios muy limitados, una arquitectura racional, austera y sostenible empleando, además, un lenguaje propio e independiente.

Rudofsky, con motivo de la exposición, escribía:

La historia de la arquitectura, tal y como la conocemos, ha sido tergiversada en el plano de lo social. Equivale a poco más que un quién es quién de los arquitectos que celebraron el poder y la riqueza; a una antología de edificios de, por y para los privilegiados, sin alusión alguna a las casas del pueblo.

Arquitectura sin Arquitectos, MoMA

Hórreos: arquitectura cuasisagrada

El público de New York pudo contemplar, entre las imágenes que conformaban la exposición, una fotografía de Combarro, otra del maravilloso ejemplar de San Martiño de Ozón —en Muxía— y una última de un hórreo con ocho pares de pies que aún no he sido capaz de identificar. Rudofsky, en el catálogo de la muestra, escribiría sobre ellos bajo el título: «Arquitectura cuasisagrada».

Grupo de hórreos en Combarro
Grupo de hórreos en Combarro
El Hórreo de San Martiño de Ozón, en el concello de Muxía
El Hórreo de San Martiño de Ozón, en el concello de Muxía
Hórreo sin identificar
Hórreo sin identificar

Asimismo, estuvieron expuestos en las paredes del MoMA los célebres espigueiros de Lindoso: un espectacular conjunto de 64 hórreos situado en pleno Parque Nacional da Peneda-Gerês, en el Alto Minho portugués. Construído a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX, sobre este maravilloso ejemplo de arquitectura popular escribiremos en otra publicación.

Espigueiros de Lindoso, en el norte de Portugal
Espigueiros de Lindoso, en el norte de Portugal

Consecuencias

La exposición recibió fuertes críticas desde algunos sectores, pero tuvo un éxito enorme. De hecho, tras abandonar el MoMA, inició un periplo que le llevaría a recorrer durante una década cerca de un centenar de ciudades. Además, del catálogo que acompañaba la muestra se vendieron alrededor de 100 000 ejemplares. Éste, finalmente traducido a más de una decena de lenguas, consiguió influenciar, en mayor o menor medida, a toda una generación de arquitectos.

Sin embargo, aunque es indiscutible que Architecture without Architects supuso un punto de inflexión en la percepción existente sobre la arquitectura popular, lo cierto es que medio siglo después las reivindicaciones de Rudofsky siguen plenamente vigentes. La fragilidad de nuestro patrimonio construido sigue siendo evidente y las medidas de protección tan necesarias como entonces. Construidos para la eternidad, escribía Rudofsky. Quizás no.

La decadencia de los hórreos
Hórreo abandonado en Carracedo, Caldas de Reis

Bibliografía recomendada

Arquitectura sin Arquitectos: Una breve introducción a la arquitectura sin pedigrí

Bernard Rudofsky

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